31 agosto 2011

Soledad

¿Por qué tenemos que quedarnos todos tan solos? Pensé. ¿Que necesidad hay? Hay tantísimas personas en este mundo que esperan, todas y cada una de ellas, algo de los demás, y que, no obstante, se aislan tanto las unas de las otras. ¿Para que? ¿Se nutre acaso el planeta de la soledad de los seres humanos para seguir rotando? Me tumbé de espaldas sobre una piedra plana, alcé la vista hacia el cielo y pensé en la multitud de satélites artificiales que debían de estar girando alrededor de la tierra. El horizonte aún estaba ribeteado de una pálida luz, pero en aquel cielo teñido de un profundo color vino empezaban a brillar ya las estrellas. Busqué en el la luz de los satélites. Pero aún había demasiada claridad para que pudieran apreciarse a simple vista. Las estrellas visibles permanecían inmóviles, cada una en su lugar, como clavas en el cielo. Cerré los ojos, agudicé el oído y pensé en los descendientes del Sputnik que cruzaban el firmamento teniendo como único vínculo la gravedad de la tierra. Unos solitarios pedazos de metal en la negrura del espacio infinito que de repente se encontraba, se cruzaban y se separaban para siempre. Sin una palabra, sin una promesa.

Sputnik, mi amor, Haruki Murakami

4 comentarios:

Alejo Vázquez dijo...

Es realmente curioso, uno se pone a pensar en el por que de tanta soledad y no hay respuesta posible.

Ya lo he dicho alguna vez, pero me encanta este blog, sigue así :)

Carmen dijo...

Muchas gracias por pasarte, Alejo :)

Timber dijo...

Y más cierto es si te paras a pensar que nuestro planeta es un punto en el universo y estamos completamente solos como Humanidad.

Genial este pasaje ;)

Carmen dijo...

Sí; es mi fragmento favorito del libro :)